Hace unos días la lluvia trajo consigo los últimos vestigios de una inspiración pseudoliteraria que habitaban en las cenizas de una adolescencia tardía. Cenizas que pronto fueron atizadas y reanimadas, como muertos vivientes, por las andanzas poéticas de García Madero por los cafés del D.F. Mexicano.
martes 1 de noviembre de 2011
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